 |
 |
| Catálogo de la exposición. |
Esta exposición retrospectiva de
Antoni Tàpies (Barcelona,
1923) incluye más de un centenar
de obras que datan desde los años
cuarenta hasta la actualidad. A través
de pinturas, objetos y esculturas, esta
muestra, la más completa realizada
hasta el momento, propone una exploración
de la naturaleza material de la obra de
Tàpies como principio fundamental
para entender su influencia y su posición
en la historia del arte contemporáneo.
Algunas de las obras incluidas eran hasta
ahora poco conocidas para el público,
al pertenecer a coleccionistas privados
que en raras ocasiones las habían
prestado para exposiciones.
La exposición
se inauguró el
mes de febrero de 2004 en el Museo de
Arte Contemporáneo de Barcelona
(MACBA ) y a partir del 4 de junio en el
Museo Patio Herreriano de Valladolid. Se
trata de una coproducción del Ministerio
de Asuntos Exteriores a través
de la Sociedad Estatal para la Acción
Cultural en el Exterior, SEACEX, integrado
en el programa "Arte Español
para el Exterior" que permitirá que
la exposición se traslade a importantes
museos internacionales a lo largo del
2004 y 2005. La exposición supone
un encomiable trabajo de investigación
del comisario y director del MACBA, Manuel
Borja-Villel, para revisar su obra y
leerla desde el presente.
Si se tuviera que señalar con un único
elemento la aportación de Antoni
Tàpies a la estética del
siglo XX, debería hacerse referencia
al tratamiento especial que dio a los materiales,
a su constante búsqueda de la propia
materialidad de la obra de arte. Tàpies desarrolló este aspecto fundamentalmente
a través de las denominadas pinturas
matéricas, caracterizadas por superficies
de texturas densas y pintadas en una limitada
gama de colores, en la que predominan los
ocres, grises y marrones y que presentan
una apariencia de muro. Lo que el artista
pretende es que el espectador perciba la
materia en un estado de movimiento y cambio
constantes, un estado que se opone a la
fragmentación y compartimentalización
del mundo contemporáneo.
Situado a caballo de dos mundos -uno ligado
a las vanguardias históricas de
la primera mitad del siglo, y otro que
abría caminos hacia nuevas prácticas
artísticas, ligadas a la actividad
y al proceso-, la obra de Tàpies sigue siendo pertinente en nuestros días
debido a su ambigüedad radical. En
todas sus manifestaciones, sea pintura,
assemblage, cerámica u obra gráfica,
la producción de Tàpies siempre
mantiene una tensión entre los aspectos
objetuales y materiales de la misma (sus
pinturas son a la vez pinturas y objetos,
y sus esculturas son a la vez objetos y
pinturas) y los propiamente compositivos.
Desde muy pronto, el trabajo de Tàpies se asoció al informalismo, siendo
objeto, durante décadas, de interpretaciones
estereotipadas y lugares comunes. Pero,
lejos de constituir un repertorio de gestos
más o menos espontáneos capturados
en el lienzo, sus obras revelan una estricta
lógica interna, cuya naturaleza
escapa a los análisis formalistas
y disquisiciones hagiográficas.
Estas lecturas han sido tanto más
incongruentes por cuanto los esfuerzos
del artista iban dirigidos a revelar y
explorar los problemas y relaciones de
la pintura más que a solucionarlos.
Tàpies no buscaba tanto un lenguaje
pictórico real como su confrontación;
y más que hablar del triunfo de
la pintura moderna lo deberíamos
hacer de su imposibilidad.
A pesar de la centralidad que la obra
de Antoni Tàpies ha tenido y, sin
duda, aún tiene en el arte y la
cultura catalana de la segunda mitad del
siglo XX, ésta se nos presenta todavía
hoy como secuestrada bajo la estela generada
alrededor del propio personaje. Esta muestra
propone explorar la naturaleza material
de la obra de Tàpies, como principio
fundamental para situarle en la historia
del arte contemporáneo, y analizar
los motivos por los cuales su presencia
ha sido tan constante y obsesiva en el
arte catalán desde los años
cincuenta hasta la actualidad.
|