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El
período de la decadencia
literaria A pesar de que
la lengua catalana tuvo un acceso
precoz a la imprenta -como lo demuestra
el hecho que en 1474 aparece el
primer libro impreso en catalán,
Les trobes en llaors de la Verge
Maria -, en los siglos del Renacimiento
y el Barroco vivió una etapa
de decadencia en cuanto a la literatura
culta. No obstante se mantuvo como
lengua de la legislación
y de la Administración ,
y como única lengua popular.
De este período se puede
destacar la obra de Josep Vicenç Garcia
y Francesc Fontanella en Cataluña,
Joan Ramis en Menorca y Lluís
Galiana en Valencia.
Después de la Guerra de los Segadores (1640-1659),
las tierras del norte de Cataluña fueron cedidas
a la corona francesa e inmediatamente el catalán
fue prohibido en la educación y en los usos oficiales.
En la Guerra de Sucesión a la corona de España
(1704-1714) los territorios de la antigua corona de Aragón
tomaron partido a favor del archiduque Carlos y lucharon
al lado de las potencias aliadas. Por eso, después
de la derrota de Almansa (1707) y de la toma de Barcelona
(1714) y de Mallorca (1715), los territorios de habla catalana
perdieron las instituciones propias y el catalán
fue excluido de la legislación y de la Administración
de justicia y municipal, de la enseñanza y de la
documentación notarial y de comercio.
El Renacimiento
y la recuperación de
la lengua
Coincidiendo con los movimientos del Romanticismo y del
Nacionalismo en toda Europa, la lengua catalana vivió una
rica Renaixença literaria, cuyo inicio se suele
situar simbólicamente con la publicación
de la oda La Pàtria (1833) de Bonaventura Carles
Aribau, y que tuvo continuidad con la producción
poética, teatral y narrativa de muchos autores
de Cataluña, las Islas Baleares y el País
Valenciano.
En la segunda mitad del siglo XIX, este movimiento dio
obras de nivel universal y de un gran éxito popular
como son las de Jacint Verdaguer, autor de los poemas épicos "L'Atlàntida" y "Canigó"; Ángel
Guimerà, que otorgó nivel literario al teatro
nacional con obras como Terra Baixa; Narcís Oller,
autor de novelas de una gran modernidad, como es el caso
de La febre d'or. Santiago Rusiñol, Joan Maragall,
Ignasi Iglésias, Víctor Català, Miquel
Costa i Llobera, Joan Alcover, Joan Salvat-Papasseit, que
incorporó el uso de los caligramas, Josep Sebastià Pons
y Bartomeu Rosselló Pòrcel son algunos de
los autores más populares del primer tercio del
siglo XX.
Paralelamente se iniciaron estudios sobre la lengua y
se elaboraron diccionarios (como los de Pere Labèrnia,
Pere Antoni Figuera, Josep Escrig o Marià Aguiló),
tratados de barbarismos y ortografías (como los
de los mallorquines Antoni Cervera y Joan Josep Amengual
o el barcelonés Josep Balari), que son el precedente
inmediato de la normativización moderna iniciada
a comienzos del siglo XX.
Coetáneamente, el catalán se introduce en
la prensa diaria y periódica de todo el territorio,
tanto de difusión nacional como local y comarcal,
con periódicos como La Renaixença , El
Poble Català, La Veu
de Catalunya y, más tarde,
La Publicitat y El Matí, y revistas
como La
Ignorància, El Mole, L'Avenç y otros.
La institucionalitzación
del catalán
A principios del siglo XX, en Cataluña el catalanismo
político reivindicó la enseñanza
de la lengua catalana y su uso en la Administración.
Desde las instituciones de poder local que controló y,
muy especialmente, desde la Mancomunidad de Cataluña,
Enric Prat de la Riba dio un gran apoyo institucional
al catalán con la creación del Institut
d'Estudis Catalans (1907) y de su Sección Filológica,
cuyo primer presidente fue el mallorquín Mn. Antoni
M. Alcover, el impulsor del Primer Congreso Internacional
de la Lengua Catalana (1906) y del Diccionari
català-valencià-balear (1926-1962), principal obra de la lexicografía
catalana. El apoyo de Prat de la Riba y del Institut
permitieron la institucionalización de la tarea
realizada por Pompeu Fabra entre 1913 y 1930 (Normas
ortográficas, Gramática, Diccionario) con
la que el catalán se dotó de una normativa
unificada y moderna.
La Constitución republicana de 1931 y el Estatuto
de Autonomía de 1932 permitieron a Cataluña
recuperar la Generalidad , que el catalán fuese
declarado lengua oficial y la realización de una
activa política de apoyo a su enseñanza.
Las Islas Baleares y las tierras valencianas, por el contrario,
no llegaron a ver aprobados sus estatutos de autonomía.
La dictadura y la persecución de
la lengua
Entre los años 1939 y 1975, durante la dictadura
subsiguiente a la Guerra Civil , la persecución
del catalán fue intensa y sistemática,
sobre todo hasta el 1962. Se prohibió la edición
de libros, periódicos o revistas, la transmisión
de telegramas y las conversaciones telefónicas
en catalán. La exhibición de películas
era forzosamente en castellano y el teatro se podía
representar tan sólo en esta lengua. Las emisiones
de radio y de televisión únicamente podían
ser en castellano. La documentación administrativa,
notarial, judicial o mercantil era exclusivamente en
castellano y la que se realizaba en catalán se
consideraba nula de pleno derecho. La señalización
viaria y la comercial, la publicidad y, en general, toda
la imagen exterior del país era en castellano.
Una fuerte inmigración procedente del resto de
España en unos momentos en que ningún territorio
de lengua catalana podía ofrecer estructuras urbanísticas
y educativas adecuadas hizo más difícil
aún la situación del catalán.
A pesar de todo, la lengua catalana se mantuvo como lengua
de transmisión familiar tanto en Cataluña
y las Islas Baleares como en el resto de territorios de
habla catalana. En este tiempo muchos escritores formados
en la época anterior, algunos de ellos desde el
exilio, como Josep Carner, Carles Riba, Josep Maria de
Sagarra, Josep Vicenç Foix, Josep Pla, Salvador
Espriu, Mercè Rodoreda, Pere Calders, Joan Fuster,
Vicent Andrés Estellés o Llorenç Villalonga
escribieron obras de gran relieve.
Hacia la normalidad Una
vez recuperadas las libertades democráticas, la
Constitución de 1978 reconoce la pluralidad lingüística
y establece que las lenguas españolas distintas
del castellano pueden ser oficiales de acuerdo con los
estatutos de autonomía. Los estatutos de Cataluña
(1979) y de las Islas Baleares (1983) reconocen el catalán
como lengua propia de estos territorios y la declaran lengua
oficial junto con el castellano, y también lo ha
hecho, con la denominación legal de valenciano,
el de la Comunidad Valenciana (1982). Paralelamente, la
Constitución de Andorra (1993) establece que el
catalán es la lengua oficial del Estado.
Al amparo de los estatutos, los parlamentos autónomos
de Cataluña, las Islas Baleares y la Comunidad Valenciana
aprobaron, entre 1983 y 1986, leyes de apoyo a la lengua
catalana, que la introdujeron en la escuela, la administración
y los medios de comunicación institucionales.
En 1998 el Parlamento de Cataluña aprobó una
nueva ley con el objetivo de promover el uso del catalán
en el mundo económico, las industrias culturales
y los medios de comunicación privados. En estos
años se han creado medios de comunicación
entre los cuales cabe destacar, por su elevado grado de
aceptación popular, TV3 y Catalunya Ràdio
en Cataluña o el Canal 9 en Valencia y, últimamente,
un gran número de radios y televisiones locales
en los tres territorios.
En este período el catalán ha ido recuperando
presencia en la prensa de forma que actualmente hay diez
diarios en lengua catalana: Avui,
El Punt, Regió 7,
Diari de Girona y El Nou 9 en Cataluña; Diari
de Balears en Mallorca, y Diari
d'Andorra y Periòdic
d'Andorra en el Principado de Andorra, y las versiones
catalanas de los periódicos El
Periódico y Segre. También están en catalán
treinta semanarios, un centenar de revistas y más
de doscientas publicaciones de ámbito local.La edición
en lengua catalana ha llegado a cotas muy altas por lo
que respecta al número de títulos editados,
que cada año se ha ido incrementando de forma constante.
En el año 1999, por ejemplo, se editaron 7.492 títulos
en lengua catalana, con un total de más de veinte
millones de ejemplares.
A finales de este mismo año, el total de títulos
disponibles en lengua catalana, según los registros
del ISBN, superaba los 75.000. En el año 1994, según
un informe de la UNESCO , la lengua catalana era la décima
lengua más traducida del mundo, por lenguas de partida.
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